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“Rocha necesita un aeropuerto, pero no ese aeropuerto”: un arquitecto cuestiona la ubicación y advierte sobre el impacto ambiental y económico

Publicado porRocha al Día

“Rocha necesita un aeropuerto, pero no ese aeropuerto”: un arquitecto cuestiona la ubicación y advierte sobre el impacto ambiental y económico

Matías Sambarino, integrante de la Comisión de Urbanismo de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay, sostuvo que la discusión ya no pasa por estar a favor o en contra de un aeropuerto internacional para Rocha, sino por definir dónde debe construirse.

Cuestionó la ubicación proyectada entre las lagunas de Rocha y Garzón, planteó que debería instalarse en un corredor cercano a la ciudad de Rocha y afirmó que el actual emplazamiento podría terminar beneficiando principalmente al entorno de José Ignacio. El proyecto de construcción de un aeropuerto internacional en Rocha vuelve a quedar en el centro de la discusión.

Esta vez, la voz que cuestiona la localización proyectada es la del arquitecto Matías Sambarino, quien fue entrevistado en el periodístico de la mañana de Difusora Rochense. Su planteo tiene una particularidad: no cuestiona la necesidad de que Rocha tenga un aeropuerto internacional.

Por el contrario, considera que se trata de una oportunidad excepcional para el departamento y advierte que justamente por eso la decisión sobre su ubicación resulta determinante. “Esta posibilidad que por ley se le ha otorgado al departamento de Rocha de tener un aeropuerto internacional es la única oportunidad que va a tener Rocha en este tema, y tiene que utilizarla de la mejor manera posible”, sostuvo.

El problema, según Sambarino, es dónde

Para el arquitecto, un aeropuerto internacional no puede analizarse únicamente como una pista y una terminal. Se trata, sostuvo, de una infraestructura capaz de modificar durante décadas el territorio que la rodea, generando nuevas rutas, hoteles, servicios, desarrollos inmobiliarios, logística y cambios en el valor de la tierra.

Desde esa perspectiva, entiende que la localización debe responder a una estrategia de desarrollo para todo el departamento. Y allí aparece su principal cuestionamiento.

Sambarino considera que el área elegida, entre las lagunas de Rocha y Garzón, es una zona particularmente sensible desde el punto de vista ambiental y que colocar allí una infraestructura de esa magnitud no permitiría distribuir sus beneficios hacia el conjunto de Rocha.

“La ubicación que se propone está rodeada de dos lagunas que son protegidas”, afirmó, advirtiendo además sobre las consecuencias del crecimiento urbano y de infraestructura que podría generarse alrededor del aeropuerto. Según su planteo, no se trata solamente del impacto de la construcción de la terminal aérea.

El verdadero cambio territorial, sostiene, llegaría después: nuevas vías de comunicación, hoteles, centros logísticos, servicios y expansión inmobiliaria. Es decir, el aeropuerto no sería una obra aislada: definiría el desarrollo de toda su área de influencia. “La discusión no es aeropuerto sí o aeropuerto no” Uno de los conceptos más claros de la entrevista fue precisamente separar ambas discusiones.

Para Sambarino, Rocha debe tener un aeropuerto internacional. La pregunta es otra: ¿Dónde conviene construirlo para que realmente funcione como una herramienta de desarrollo departamental? Su propuesta apunta hacia un corredor ubicado al este de la ciudad de Rocha, desde la zona del aeroclub y hasta aproximadamente 15 kilómetros en dirección este.

El argumento es territorial: desde ese punto, sostiene, el aeropuerto tendría una conexión más equilibrada con las distintas zonas del departamento. Ruta 15, Ruta 10, Castillos, La Coronilla, Chuy, Velázquez, Lascano, Cebollatí y el área costera quedarían dentro de un esquema de accesibilidad más amplio.

Sambarino señaló además que esa zona ya había sido contemplada en las directrices departamentales elaboradas en 2014.

Una comparación que busca incomodar

Durante la entrevista apareció una comparación utilizada por el arquitecto para explicar su cuestionamiento. Sambarino se refirió al impacto que tuvo el puente sobre la Laguna Garzón en la vida cotidiana y económica de los rochenses. Su conclusión fue tajante: a su entender, aquella infraestructura no produjo una transformación significativa para el conjunto del departamento.

Y utilizó esa experiencia como argumento para advertir que un aeropuerto ubicado en ese mismo entorno podría repetir el problema. “El aeropuerto en ese lugar no va a cambiar nada de Rocha y está hecho nada más que para el destino de José Ignacio”, sostuvo.

Es una afirmación política y territorial fuerte, pero también es el núcleo de su cuestionamiento: si una infraestructura estratégica se ubica en un extremo determinado del departamento, ¿quién termina capturando realmente sus beneficios?

El factor inmobiliario

La discusión incorpora además un componente económico. Sambarino sostiene que uno de los efectos más importantes de un aeropuerto internacional es el incremento del valor de los terrenos en su zona de influencia. Por eso considera que la ubicación no es un detalle menor. Según su razonamiento, si la terminal se construye entre las lagunas, el aumento del valor de la tierra se concentraría principalmente en esa zona.

En cambio, si el aeropuerto se instala en una posición más central, entiende que el efecto económico podría distribuirse territorialmente de otra manera. El arquitecto también realizó una afirmación especialmente sensible al hablar de los intereses detrás de la localización. Sostuvo que, a su entender, la elección actual respondería a los intereses de empresarios vinculados a la zona de José Ignacio.

Ese señalamiento corresponde a la interpretación de Sambarino y no aparece presentado en la entrevista como una conclusión judicial o institucional.

Los números del negocio

Otro de los aspectos más llamativos de la entrevista fue el análisis económico que realizó Sambarino sobre la concesión del aeropuerto de Laguna del Sauce. Según explicó, el contrato original celebrado en 1993 implicó una inversión de 40,5 millones de dólares a cambio de 20 años de concesión.

El arquitecto sostuvo que, actualizada por inflación estadounidense, aquella inversión equivaldría actualmente a unos 92 millones de dólares. También planteó que la rentabilidad del aeropuerto de Laguna del Sauce permite cuestionar el argumento de que la construcción del aeropuerto de Rocha sería una operación poco atractiva para el concesionario.

Según los números expuestos durante la entrevista, la empresa habría obtenido el último año una ganancia neta de aproximadamente 5,59 millones de dólares. A partir de allí, Sambarino elaboró diferentes escenarios de crecimiento para estimar la rentabilidad futura de la concesión.

En su cálculo, las ganancias podrían ubicarse entre 280 y 448 millones de dólares durante los próximos 25 años, dependiendo del crecimiento del tráfico aéreo. Son cálculos y proyecciones presentados por el entrevistado y deberían ser contrastados con los estados financieros, el contrato de concesión y las condiciones definitivas de la nueva concesión.

La advertencia ambiental

La otra gran discusión es ambiental. La zona planteada para el aeropuerto se encuentra entre dos sistemas lagunares de enorme relevancia para Rocha. Para Sambarino, el problema no se limita a la superficie que ocuparía la terminal. El verdadero impacto, insiste, estaría asociado al proceso de urbanización e infraestructura que podría desarrollarse posteriormente.

“Un aeropuerto internacional es una acción que tiene sobre el territorio consecuencias muy importantes”, sostuvo al comienzo de la entrevista. Y agregó que la estrategia debería contemplar simultáneamente desarrollo económico, desarrollo social y protección ambiental.

Una discusión también jurídica

Sambarino afirmó además que la Comisión de Urbanismo de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay elaboró un informe que cuestiona el mecanismo utilizado para modificar la categorización del suelo donde se pretende instalar el aeropuerto. Según explicó, el documento sostiene que para un emprendimiento de estas características debería revisarse previamente el instrumento de ordenamiento territorial correspondiente.

El arquitecto afirmó que el informe fue presentado ante la Intendencia de Rocha y la Junta Departamental. También sostuvo que, desde esa perspectiva, el Programa de Acción Integrado abreviado utilizado para la modificación territorial no sería el instrumento adecuado para habilitar un emprendimiento de estas características.

Este punto merece especial atención porque desplaza la discusión desde el terreno político hacia una pregunta concreta: ¿El procedimiento de ordenamiento territorial utilizado para habilitar el proyecto es el que corresponde para una infraestructura que puede modificar sustancialmente el territorio? ¿Aeropuerto para Rocha o aeropuerto cerca de Rocha? Quizás allí esté el corazón de toda esta discusión.

Un aeropuerto puede estar físicamente dentro del departamento y, sin embargo, no necesariamente generar el mismo impacto económico para todas sus localidades. Ese es precisamente el temor que plantea Sambarino. Su propuesta es que la terminal sea concebida como una infraestructura para todo Rocha y no solamente como una puerta de entrada hacia un determinado sector de la costa.

Incluso sostiene que una ubicación más próxima a la ciudad de Rocha podría permitir captar parte del movimiento de pasajeros privados que actualmente tiene como destino José Ignacio. Su argumento es que, si el aeropuerto rochense ofrece mejores condiciones de acceso y servicios para la aviación privada, quienes lleguen con destino final a José Ignacio podrían ingresar primero por Rocha.

Eso generaría, según su visión, circulación de personas, consumo, inversión y actividad económica en el departamento.

Una decisión que puede durar décadas

El planteo de Sambarino deja una advertencia de fondo. La ubicación de un aeropuerto no se cambia con facilidad. Una vez construida una terminal internacional, a su alrededor se desarrollan caminos, servicios, inversiones, emprendimientos inmobiliarios y nuevas dinámicas territoriales.

Por eso, el arquitecto considera que Rocha debe tomar la decisión con una mirada de varias décadas y no solamente pensando en la próxima temporada turística. “Es la única oportunidad que tiene Rocha”, insistió. Y pidió a las autoridades departamentales que definan una posición firme sobre la localización antes de que la decisión quede consolidada.

La polémica recién empieza

El proyecto del aeropuerto internacional de Rocha vuelve así a abrir una discusión que parece estar lejos de cerrarse. De un lado está la necesidad de dotar al departamento de una infraestructura largamente reclamada. Del otro, aparecen interrogantes sobre la ubicación, el impacto ambiental, el ordenamiento territorial, el negocio de la concesión y quiénes serán los principales beneficiarios económicos de la obra.

Y hay una pregunta que atraviesa toda la polémica: ¿Rocha está eligiendo dónde quiere su aeropuerto o simplemente aceptando dónde resulta más conveniente construirlo? La respuesta no será menor. Porque una pista puede construirse en un determinado punto del mapa. Pero lo que ocurra alrededor de ella durante los próximos 30, 40 o 50 años puede terminar modificando buena parte del territorio.

Y esa es, precisamente, la discusión que Sambarino pide que Rocha no deje para después. ACLARACIÓN: Al cierre de la entrevista, Sambarino precisó que es integrante de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay y de su Comisión de Urbanismo, pero no representante de la institución.

También aclaró que las opiniones expresadas durante la entrevista sobre aspectos que exceden lo estrictamente urbanístico corresponden a él y no deben atribuirse a la Sociedad de Arquitectos.

Esta nota es de Rocha al Día. Verla en su sitio original apoya al medio que la publicó.

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