Enterate
Educacion
Empalme Olmos

Con Guzmán Garrido Rosa, que reconstruye la extraordinaria historia de su bisabuelo Gastón Rosa

Publicado porHOY CANELONES — noticias

Con Guzmán Garrido Rosa, que reconstruye la extraordinaria historia de su bisabuelo Gastón Rosa

Una obra inmensa para resumir en una entrevista

Fernando Guerrero

Gastón Rosa pensaba primero en el pueblo. Vivió para la gente, se fue joven, más de seis mil personas asistieron a su sepelio y muchos padres llamaron Gastón a sus hijos como homenaje. Pensó en la salud mental ochenta años antes de que ese término fuera tendencia y se preocupó siempre del Canelones rural.

Guzmán Garrido Rosa, bisnieto de Gastón Rosa, empezó una investigación que derivará en la publicación de un libro. En esta entrevista, Garrido Rosa repasa parte de la vida y el legado de su bisabuelo, un hombre cuyos proyectos “no respondían a intereses aislados, sino a una idea clara de progreso”. Guzmán Garrido Rosa, el bisnieto de Gastón Rosa. ¿Qué nos puede adelantar de la historia de Gastón Rosa?

Cuando me preguntan cómo nació esta investigación, la respuesta siempre comienza de la misma manera: soy bisnieto de Gastón Rosa. Crecí escuchando historias sobre él, su forma de hacer política y el enorme cariño que despertaba en su pueblo por parte de vecinos de todas las clases sociales y fracciones políticas.

Siempre me pregunté ‘¿Por qué era tan querido?, ¿Por qué algunas calles y la Ruta N° 64 llevan su nombre?, ¿Por qué muchos bautizaron a sus hijos con el nombre Gastón, en su honor?’. Con el tiempo, esa curiosidad se transformó en una verdadera pasión por su historia.

Hoy tengo 22 años y, luego de haber publicado mi primer libro, ‘La Tapera de Oribe’, con 18 años, una experiencia que marcó profundamente mi camino de vida, decidí continuar ese recorrido con nuevos proyectos. Entre ellos, el que quizás más me emociona: reconstruir la vida y el legado de mi bisabuelo. Ha sido un trabajo de años.

La investigación me llevó al Parlamento, a diarios de época, archivos familiares, bibliotecas y colecciones documentales. Fueron incontables horas de lectura, comparación de fuentes y búsqueda de documentos que permitieran reconstruir, con el mayor rigor posible, quién fue realmente Gastón Rosa.

Contando además con las largas charlas con mi abuelo José Rosa (hijo de Gastón) y los nutritivos intercambios con el profesor Agapo Luis Palomeque (discípulo de Gastón Rosa). Cuanto más investigaba, más entendía que detrás del nombre había una historia extraordinaria.

Descubrí a un hombre que ocupó importantes responsabilidades públicas como edil departamental y representante nacional durante tres períodos consecutivos, pero que nunca perdió la sencillez que todos destacaban.

Encontré a un legislador que defendió a los pequeños productores rurales cuando las plagas amenazaban sus cultivos, a los tamberos con el precio de sus productos en plena crisis, también al sector cárnico, impulsando la libre competencia; que impulsó mejoras para la atención de pacientes con problemas mentales; que estuvo al frente de iniciativas para asistir a las familias damnificadas por las inundaciones del Río Santa Lucía y al frente de cada problema que, aunque fuera pequeño y cotidiano, aquejaba la vida de sus vecinos.

Sin embargo, quizás lo más sorprendente no fueron sus proyectos, sino el enorme y realmente llamativo reconocimiento que recibió de todo su pueblo, incluso de sus adversarios políticos, algo que heredó de su padre don José Rosa Giffuni (quien también es homenajeado con una calle en la ciudad de Canelones).

Todos coincidían en describirlo como un hombre honesto, leal, generoso y profundamente comprometido con el bien común, sin distinción social ni política. No he encontrado una sola crítica negativa hacia su persona. Estas opiniones despertaron aún más mi interés y confirmó que su historia merecía ser contada.

Gastón Rosa (centro) en su club político y rodeado de correligionarios ¿Pudo responder algunas de esas preguntas que se hacía, acerca de por qué era tan querido, por qué muchos vecinos bautizaron a sus hijos con su nombre y por qué quienes lo conocieron afirman que fue la persona más bondadosa que cruzó por sus vidas?

Creo que sí, pero también comprendí que cuanto más se investiga una historia, más preguntas aparecen. Después de años revisando documentos, diarios de época y archivos familiares, pude entender mejor por qué Gastón Rosa dejó una huella tan profunda en Canelones. Contó con su propio diario, de circulación gratuita, titulado ‘Tribuna blanca’ donde logré rescatar información muy valiosa.

Sus contemporáneos lo describen una y otra vez como un hombre honesto, humilde, generoso y profundamente comprometido con su pueblo. Sin embargo, siento que todavía queda mucho por descubrir. Una investigación histórica no se construye únicamente con documentos, sino también con testimonios de quienes lo hayan conocido o escuchado sobre su persona.

Uno de los testimonios que más me impactó fue conocer cómo, todos los sábados de mañana y lejos de cualquier campaña electoral, Gastón Rosa recibía a más de un centenar de vecinos en su club, ubicado en el antiguo Teatro Colón. Allí escuchaba pacientemente los problemas cotidianos de cada persona y buscaba ayudarlas a encontrar una solución.

Este fue su club central, pero tuvo otros en varios pueblos del departamento con el mismo cometido. El profesor Palomeque describe ese lugar como una institución fundamental para la época: “Ese club cumplía fielmente una misión esencial de la época: la de ser intermediario entre las necesidades de la gente y los obstáculos de la burocracia estatal.

Era, también una escuela cívica y de tolerancia política, a la que colaboraba periódicamente el maestro Nelson Rosa (hermano de Gastón)”. Esa forma de entender la política, basada en la cercanía permanente y no en el rédito electoral, ayuda a explicar por qué tantas familias lo recordaron con tanto afecto e, incluso, decidieron ponerle Gastón a sus hijos en homenaje a quien consideraban un hombre excepcional.

Gastón Rosa fue un político del Partido Nacional y un referente en la ciudad de Canelones y el departamento todo. ¿Hubo un redescubrimiento de Gastón Rosa cuando empezó este trabajo, porque creo que una cosa es recordarlo a través de la memoria familiar y otra es verlo con la lupa de un investigador? Absolutamente.

Creo que el mayor descubrimiento fue comprobar que la admiración que existía por Gastón Rosa dentro de mi familia no era una idealización transmitida de generación en generación, sino una realidad respaldada por documentos y testimonios de la época. Al comenzar la investigación me preguntaba si realmente había sido tan querido como cuentan mis abuelos y vecinos de Canelones.

La respuesta apareció una y otra vez en los archivos: encontré homenajes de dirigentes de todos los partidos políticos, artículos periodísticos, sesiones parlamentarias y cientos de gestiones concretas a favor de productores rurales, trabajadores y familias humildes.

Pero hubo un dato que me impactó especialmente: descubrir que miles y miles de vecinos, mucho antes de cualquier campaña electoral, acudían a su club para pedirle ayuda con los problemas más diversos, estando registrado en los libros del Club que aún guarda mi abuelo. Esa confianza no se construye en una elección, se construye durante años de escuchar, acompañar y cumplir con la palabra.

Como investigador, ese fue el momento en que dejé de ver solamente a mi bisabuelo y empecé a comprender la dimensión humana y pública de Gastón. A su sepelio, asistieron más de seis mil personas, demostrando que era sumamente querido. Aquel 18 de julio de 1956 que amaneció con la muerte del inolvidable Gastón, generó que decenas de diarios reprodujeran homenajes y datos sobre su vida ante tal impactante noticia.

Rosa formó parte de la Lista 5 del Partido Nacional. Él fue, entre otras cosas, un adelantado en salud mental. ¿Qué sabe de esa propuesta para que pacientes psiquiátricos pudieran vivir con familias cuidadoras que hizo en su momento? ¿Qué otros proyectos presentó sobre este tema?

Si hoy escucháramos hablar de salud mental, integración comunitaria, cuidados en el ámbito familiar y dignidad para las personas con enfermedades mentales, probablemente pensaríamos en políticas públicas del siglo XXI.

Sin embargo, eso mismo defendía Gastón Rosa en el Parlamento hace casi ochenta años. Uno de los hallazgos que más me impactó fue descubrir su firme defensa del sistema de asistencia familiar de la Colonia ‘Dr. Bernardo Etchepare’, mediante el cual pacientes psiquiátricos convivían con familias cuidadoras, alejándose del modelo de internación permanente.

Rosa destacaba que el sistema funcionaba y debería mejorarse, que las cuidadoras eran supervisadas periódicamente y que contaba con el respaldo de las comunidades donde se aplicaba. Pero fue más allá: advirtió que esas familias recibían una remuneración insuficiente y reclamó al Ministerio de Salud Pública un aumento que reconociera la enorme tarea humana que desempeñaban.

Lo más admirable es que nunca redujo el debate a una cuestión económica o administrativa. Para él, el verdadero centro de la discusión era la dignidad de las personas.

Encontrar esa sensibilidad en sus proyectos, como este presentado en noviembre de 1947, fue una de las mayores sorpresas de toda la investigación y una muestra más de que, en muchos aspectos, Gastón Rosa fue un hombre adelantado a su tiempo y muy querido por su sensibilidad social. Gastón Rosa en su juventud. ¿Qué temas propuso para el departamento de Canelones cuando fue parlamentario?

Lo que más me sorprendió al estudiar su actuación parlamentaria fue comprobar que Gastón Rosa tenía una visión muy amplia del desarrollo para Canelones. Sus proyectos no respondían a intereses aislados, sino a una idea clara de progreso.

Defendió con firmeza al sector rural, impulsando medidas para proteger a los pequeños productores frente a las plagas, las granizadas, las inundaciones y las dificultades económicas de toda clase. Al mismo tiempo, trabajó para fortalecer la educación con numerosas intervenciones y proyectos, apoyando iniciativas que permitieran formar más maestros para el interior y acercar oportunidades a las comunidades rurales.

También dedicó gran parte de su labor a mejorar la calidad de vida de los canarios. Gestionó obras de infraestructura, caminos, puentes, acceso al agua potable a localidades que no contaban con este recurso fundamental como Juanicó, fomentó de igual modo la electrificación, viviendas para familias damnificadas y el crecimiento de localidades como Empalme Olmos y Montes.

Fue una obra inmensa para resumir en una entrevista. Sin embargo, es un orgullo para mí poder transmitir por lo menos los aspectos más importantes de su vida en esta oportunidad.

Y me gustaría que los lectores que hayan conocido o escuchado hablar sobre Gastón Rosa se puedan comunicar conmigo para comentarme cualquier anécdota o recuerdo, por más mínimo que sea, ya que será información muy valiosa para citar en mi futuro libro. Pueden enviarme un mensaje al 092912800 o buscarme en Facebook e Instagram como Guzmán Garrido Rosa.

Espero, así, poder aportar un granito de arena a la historia de nuestro departamento y nuestro país.

Una anécdota

Durante la entrevista, Guzmán Garrido Rosa compartió una anécdota, de las tantas que se han registrado sobre la vida de su bisabuelo. Acá la compartimos.

Herrera y su visita a Gastón

La política en aquellos tiempos se vivía con una intensidad y una lealtad que hoy cuesta dimensionar. Mi abuelo José siempre recordaba cómo su padre Gastón, entregaba su vida y sus bienes a la causa.

Siempre me comentó que los Rosa hacían política por convicción profunda, sin especulaciones ni intereses económicos, al punto de que mi bisabuelo terminó empeñando todas sus tierras y propiedades, y falleció joven y pobre, pero con una inmensa riqueza espiritual. Ese compromiso inquebrantable se traducía en anécdotas inolvidables tanto con simples vecinos como con figuras de renombre. Hay una anécdota muy repetida.

Me recordaba mi abuelo que el doctor Luis Alberto de Herrera, al regreso de un acto partidario realizado en Flores, cruzaba Canelones y quiso golpear la ventana del domicilio de Gastón Rosa, en horas de descanso reparador.

Era de madrugada —alrededor de las tres de la mañana—, y al comprobar la sorpresiva visita en su hogar de la calle Tomás Berreta, un desconcertado Gastón intentaba levantarse y quería justificarse de que estaba acostado. Lejos de molestarse, el doctor Herrera lo tranquilizó con una frase que pintaba de cuerpo entero su estilo de liderazgo: —No, mi amigo; es lógico que a esta hora duerma.

Lo que me interesa es alertar a mis soldados que a cualquier hora los puedo llamar… Entre risas cómplices, el abuelo José contaba que aquellas visitas nocturnas, donde Herrera llegaba en su imponente camioneta Chevrolet 54 acompañado por Ramón Viña, parecía más una forma de molestarlo a altas horas de la madrugada, sin embargo, detrás de la broma y el desvelo quedaba intacto el profundo respeto mutuo.

Y es que Gastón Rosa sentía un orgullo incuestionable de saberse hombre de Herrera, con quien tuvo algunos desencuentros.

Esta nota es de HOY CANELONES — noticias. Verla en su sitio original apoya al medio que la publicó.

Leer en HOY CANELONES — noticias

Comentarios

Cargando…